domingo, 4 de febrero de 2018

Crecimiento necesario, pero controlado / Ángel Tomás *

Ya han transcurrido diez años desde que aflorase, en el último trimestre de 2007, la crisis de repercusión mundial casi supera- da, pero que ha costado una década de sacrificios, desapariciones de empresas, crisis financieras y desempleo. Un década también de políticas económicas acertadas, y en ocasiones desacertadas por la incertidumbre que en la planificación de la economía de futuro supone el desconocimiento de los accidentes no previstos, que siempre provocan inseguridad.

Se inicia una nueva década para la que es necesario planificar el futuro, previo profundo estudio, y que no abusando del proteccionismo y no olvidando controlar un rápido crecimiento conduzca a superar, absorber y compensar la imparable y vertiginosa automatización, la electrónica, la robotización y la digitalización; que, si bien provocan riqueza y crecimiento económico, pueden ser el origen de un desempleo preocupante, puesto que la sofisticada y cambiante creatividad sólo demandará alta especialidad profesional y un cambio estructural rápido y adaptado a las nuevas técnicas de todos los centros de formación. 

Es indudable que la digitalización disminuirá el empleo administrativo y la automatización de puestos de trabajo manufactureros. El que menos lo sufrirá será el sector servicios.

La empresa y, como consecuencia, el empresario necesita reaccionar, innovando y en muchos casos acometiendo una transformación profunda y costosa que le permita la supervivencia. Si el emprendimiento tiene como objetivo satisfacer el consumo, este mercado está experimentando un continuado cambio en la demanda. Se ha instalado una nueva crisis parcial basada en la guerra de precios. El consumidor exige grandes descuentos a la ya muy competitiva oferta, lo que conduce a una sensible pérdida en los rendimientos de la misma. 


Por otro lado, la electrónica innovadora elimina del mercado productos tradicionales o reduce su tiempo de permanencia en el mismo, provocando a las empresas existencias inmovilizadas en sus almacenes y una disminución de tesorería.

La venta electrónica se ha instalado y crece a un gran ritmo. Permite la compra sin desplazamientos, un servicio a domicilio rápido incluido, un pago igualmente electrónico y la facultad de devolución si no agrada el producto, con el abono del precio satisfecho. Este sistema de ventas ha creado un serio problema a las grandes superficies, a las grandes cadenas, incluso al pequeño comercio detallista, provocando cierres de grandes superficies en Estados Unidos y otros importantes países. En otros casos, han instalado el doble sistema de ventas tradicional y electrónico con resultado incierto.

La estructura de venta electrónica requiere una disponibilidad del producto inmediata, pero su organización interna es más simple y barata que la tradicional.

Por todo lo expuesto, la supervivencia de la empresa, en un importante porcentaje, necesita la transformación urgente de su estructura, para lo cual deberá tener en cuenta:

1) Estudio detallado de la aceptación de sus productos en los nuevos y cambiantes mercados de consumo.
2) Desarrollar una creatividad original continuada y competitiva. 
3) Ser diferente en el producto y la presentación. 
4) Mejorar las relaciones y la atención personalizada con el cliente. 
5) Abrir nuevos mercados. 
6) Dotar su tesorería de la cobertura necesaria, y
7) Ampliar su capacidad de cuantificar el riesgo en la toma de decisiones de forma permanente.

El abandono de la reestructuración y la falta de tesorería pueden conducir a la necesaria fusión, absorción, cambio de actividad, incluso liquidación y cierre, de algunas empresas. En los casos de venta o fusión el proceso es deseable, pero complejo y largo en el tiempo, y precisa de la preparación de una amplia información –Data Room– siempre exigida por el posible comprador. El futuro económico incierto que la automatización y la electrónica provocará, incumbe también al sector financiero y al propio Estado.

El sector financiero
El crecimiento vertiginoso de una nueva economía de mercado apoyada en el progreso imparable de la ingeniería electrónica creativa puede conducir, como en otras grandes crisis, a la pérdida de la capacidad de prever y cuantificar el riesgo posible por el dominio del impulso de las operaciones especulativas por cuenta propia sobre el sistema financiero –aún con alguna debilidad procedente de la última recesión y su cada vez mayor complejidad–, debido a la liberalización internacional de las finanzas, que no ha favorecido la consecución de una estabilidad equilibrada y con menor volatilidad.

Resulta inaplazable establecer un sistema de análisis permanente que permita los controles de capital, la estabilidad de los mercados y la regulación y vigilancia en el ejercicio de la actividad de los bancos centrales, sin olvidar su coordinación con el sistema financiero internacional.

Los Estados
Los políticos que aspiran al poder y consiguen la gestión y el gobierno de los Estados pretenden cambiar las economías en base a su ideología partidista. Entre la infinidad de obligaciones y responsabilidades a que obliga tan alta misión, la más importante y transcendental es el ejercicio de la economía política. 
Ésta es ajena a cualquier filosofía personalista. Sólo depende de los mercados, de su coordinación internacional, de un sector empresarial excelente y de la consecución de un bienestar social creciente. Los planes de desarrollo nacionales deben ser estudiados, planificados y sometidos al Gobierno por un equipo especializado y experimentado del mayor nivel, para que aquel lo desarrolle y controle.


El Estado debe asumir también obligaciones ineludibles, destacando entre ellas las siguientes: respetar y exigir el cumplimiento integral del presupuesto nacional; cumplir con el límite de déficit estructural inferior al porcentaje máximo exigido por la UE y no permitir sobrepasar el techo del gasto en cada uno de los capítulos presupuestarios nacionales, regionales y municipales. El endeudamiento público sólo puede conducir a la de- sestabilización y al fracaso.

Crecimiento necesario, pero controlado.

(*) Economista y empresario

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